El final del secreto (dedicado a León)

Al final de la cuenta, hemos tenido todo lo que hemos querido.

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Rezaron los alemanes por la salud del Tercer Reich y luego por su final. Soñaron los estadounidenses con vivir en un país flotando en dinero. Imaginamos un mundo lleno de proezas tecnológicas y viajes digitales. Vivimos el renacer de una antigua civilización, como la china. Vimos a los pobres del mundo hacer revoluciones. Las vimos caer cuando ya no eran tan pobres. Volvieron los judíos a Tierra Santa. Hizo América Latina su giro a la izquierda. Vimos en apenas más de un siglo un mundo de repúblicas que, mal que bien, firmaron todas protocolos universales de Derechos
Humanos. Los peces se multiplicaron cuánticamente. Saber de personas que regresaron de la muerte, ya es incontable. Conocer personas que se curan con la fuerza de su mente, ya es incontable.

Uno no puede estar dentro de la mente de las personas, no aun. Pero la evidencia indica que la mente de las personas sí construye el mundo.  Sus oraciones, su fe y su imaginación han sido portentosas.

Los siglos XIX, XX y XXI son un ejemplo de masacres, muerte y ambición, pero también han sido un ejemplo de la fuerza de los sueños, acelerando las moléculas de la Creación. Estamos haciendo un mundo a nuestra imagen y semejanza, porque, ahora sí que es muy visible que vinimos al mundo a jugar a Dios. Hasta el momento no somos muy bondadosos ni sabios. Somos todos un Dios de pacotilla. Pero, en el peor de los casos, estamos aprendiendo.

Nuestra maldad es la evidencia de nuestro poder. Nuestra bondad también. Así que no hay dudas de ese poder. Ya no es un secreto.

Como decía Maimónides hace 500 años, los milagros, las maravillas, se expresan siempre con las reglas de la naturaleza.

Entonces, el problema no es tener lo que queremos, sino saber lo que pedimos.

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La Reina está loca [del amor y otros demonios]

pavo real

Le veo darse golpes contra una pared. Otros sacan mejores resultados, obtienen elogios de sus jefes, ganan dinero, son tratados con respeto y a Ud. apenas le toman en cuenta. Lo que hace es bueno, al menos luce bueno, pero no tiene brillo y otros se lo comen vivo. Tiene la sensación que debe sobrevivir. Ud. no está disfrutando esto.

Ud. mira hacia atrás y empieza a pensar en dejar todo. Volver al nido protector de la familia, volver a la comodidad de un mundo que conoce y controla. Piensa en todas las oportunidades que dejó y que ahora no puede atender.

Le voy a contar una historia.

Cuando era joven [más joven] tuve arduos problemas para conseguir pareja. Mi fealdad no tenía cura. Hablaba sonseses. Mi estilo era más que inmaduro. Mi madre insistía que la culpa era mi desgarbo (no te bañas lo suficiente, engordas, no vas al peluquero, no sabes combinar la ropa). Las posibles parejas corrían a decirme  que experimentaban una “sana” sensación de hermandad conmigo. Mis amistades me daban consejos basados en sus proverbiales éxitos amorosos: “cuando enfoques a una persona acércate, el cuerpo irá abriendo camino”, “no te preocupes, cuando crezcas te quitarás pretendientes a sombrerazos”,  “desordena un poco tu habitación, a nadie le gusta la gente  maniática”, “nada como una buena fragancia y unos buenos zapatos lustrados”.  Palabras más o menos, así fui construyendo un mapa que no me llevaba a ningún tesoro. Seguía siendo una sombra triste.

Lo más grave de esta situación es el valor que se le da al amor. Ya sabemos que la cantidad nunca ha sido importante, sino la calidad del amor.

Pero cuando las parejas de los otros se multiplican, se permutan unas con otras, hay líos pasionales, amenazas y promesas de suicidio (se ve de todo), el rol pasivo es el peor. A uno, en el mejor de los casos, le cuentan los despechos de los otros con el objeto de evaluar si valgo la pena para abultar las tribus de “él” o de “ella”.

Un ejemplo: “Ella me dejó porque no le gusta como mastico el chicle, pero si ella no me quiere tal como soy que se vaya con el otro ¿VERDAD?”. Y uno debe responder  “claro, tu personalidad es lo más importante” para dejar claro a qué tribu debo sumar mis votos. Si uno responde “si tu personalidad es un chicle, mejor que se vaya con otro cuya personalidad valga algo más” pierdes todo: el derecho a escuchar, participar aunque sea pasivamente, el “amigo”, más soledad y, de seguro, también la ex, porque nadie quita que vuelvan juntos la semana entrante. Así fui fundando mi propio convento de hermanitos de “sana” hermandad.

Todo eso desapareció.  Y sucedió cuando entendí que todas las buenas intenciones de mi sistema no me estaban llevando a ningún lado.

Mi padre, un hombre callado, me dijo un día: “es un problema estadístico: si insistes mucho, alguna persona se te abrirá”. ¡Claro! aunque seamos una moneda que nunca cae cara, porque somos deformes, en algún momento caerá cara. La estadística es fundamental. Porque es la clave del espíritu humano: repetir. El que mucho repite aprende, aunque no quiera.

Uno jamás aprende a ser infeliz, solo que hay estímulos muy mezquinos que llaman felicidad a la más triste de las existencias. El que reconoce que su mapa no le lleva a ninguna parte jamás se pierde, porque comienza el camino a un nuevo set de repeticiones que le llevará adelante. El que, por el contrario, no lo reconoce, repite sus cadenas, como un rosario.

Lea y reflexione atentamente esta frase de Alicia en el País de las Maravillas:

“En mi país cuando uno corre tanto llega a otro lugar”, dijo Alicia. “Aquí, como ves” -dijo la Reina-, “se ha de correr a toda marcha simplemente para seguir en el mismo sitio”(…)

Alicia no podía creerlo, la Reina debía estar loca. Y Ud. de seguro tampoco lo cree. Pero la Reina vive en un país en el que, de verdad, nada se mueve.

¿Ud. en qué país vive?

Entonces… ¿Cómo ingresamos nuevo conocimiento en nuestro entorno?

LuisMorenoAragua-1.jpgEn la entrega anterior pusimos un círculo. Allí, en algún punto, Ud. ha podido saber qué parte está jugando en el truculento juego de ingresar nuevo conocimiento en su entorno.

Si Ud. se fija con atención, realmente ese círculo no da ninguna opción. Es prioritario que Ud. entienda la parte que le tocó jugar. Es la base de su táctica. Pero las tensiones empujadas por sus propias carencias, los juegos de poder de su entorno inmediato y las adquisiciones ideológicas de su sociedad o institución siempre van a estar allí, en mayor o menor grado.

Ni es posible que Ud. tenga un conocimiento integral del tema que indaga ni de las formas que debe cuidar. Ni es posible contar con que los jefes desatiendan sus problemas de estatus y prestigio.

Ni es posible vencer totalmente la tentación que tienen las sociedades en dañar el conocimiento nuevo a favor de la ilusión democrática de convencerse de lo que ya están todos convencidos. Obsérvelos: todos, una y otra vez, en la gran asamblea, ratificados y reasegurados por el ilusorio debate público. Ud. no les va a quitar fácilmente ese placer.

Es simplemente demasiado importante para una sociedad tan amenazada por la desigualdad y la discriminación utilizar el debate público para certificar la voz de las mayorías, el a veces mal llamado “sentido común”, o peor aún, la ideología normativa dominante.

Lo único, lo fuera de forma y norma, lo profundamente (y no aparentemente) transformador está simplemente en desventaja. De hecho, si no fuese así, la capacidad transformadora de ese nuevo conocimiento no fuera tal.

Entonces, si ingresar nuevo conocimiento es tan difícil ¿Qué hay que hacer?.

Aférrese a la grandeza. Si Ud. contiene la fuerza de la transformación, libérela. Establezca plenitud. Inunde paz. Haga sentir la esperanza que se esconde detrás todas sus palabras. Sonroje. Justifique, no excuse. Transmita su pasiones. Explique rigurosamente todo: no desatienda a la voz de la lógica. Ud. tiene la obligación de ser implacable.

Piense en el sentido del humor. Piense, no en los chistes, pequeños escenarios imaginarios donde todo es posible. Piense en la esencia del humor: la grandeza, la superación de la mezquindad que por tanto tiempo nos tuvo atados. Compruebe una y otra vez, que toda esa explicación previa, llena de lógicas y rigores tiene manifiestamente humor.

¿Por qué?

Porque el conocimiento es asombro, decía Platón. Si Ud. no asombra no enseña ni aprende. Además, escúcheme muy bien, cuando hable, déjese asombrar Ud. mismo. Porque Ud. no es dueño de ese ni de ningún conocimiento.

Eso, aunque tantos digan lo contrario, lo sabemos todos en lo más íntimo.

Imagínese como si fuésemos parte de un Plan Divino que se divierte haciéndonos creer grandes verdades que se derrumban como hormigueros.

Adelante. Ud. es parte de ese Plan Divino. Y…. si el Eterno está con Ud., nadie estará contra Ud.

 

¿Cómo introducir nuevo conocimiento?

El que mucho sabe siempre se enfrenta al lastre que le generan los que menos saben…

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…pues los que menos saben se verán muy tentados en hacer todo lo que sea necesario para impedir el opacamiento. Eso pasa porque el conocimiento genera estatus e intercambio de estatus y… porque el conocimiento, por su naturaleza, puede medirse por diferentes varas. Los que menos saben suelen saber de nuevas o viejas varas que les permitirán al menos “equipararse” al buen conocedor. Y la tentación de equipararse o incluso, ridiculizar al buen conocedor, suele ser mucha.

Que se entienda bien: Casi en ningún caso el status del maestro, jefe o colectivo pretende ser menos importante que su conocimiento. A veces es, incluso, más importante. Esto se debe a que, por un problema de economía de esfuerzos, se invierte mucha confianza en la fuente del conocimiento. Tal confianza es estatus. Por tanto, deseche la idea de que el conocimiento que Ud. ha logrado con tanto brillo le servirá como una coraza de acero. A diferencia del proverbio bíblico, el estatus moverá en sus jefes y evaluadores las varas ajenas con las que Ud. será medido.

Por otra parte, el que poco sabe se enfrenta al lastre mismo del conocimiento. Los que más saben no se sentirán amenazados en su estatus y les será sencillo aprobar magnánimamente o, simplemente, rechazar.

En una sociedad, o círculo social, donde se valoran más los beneficios democráticos de la educación y la producción que el mismo conocimiento, el que menos sabe podría muy bien estar más protegido por la magnanimidad de los que lo evalúan o dirigen. El juego es simple: el evaluador o jefe gana o ratifica su estatus a la vez que el generador de conocimiento empobrecido logra una aceptación extraordinaria de su producción. Todo luce democrático, horizontal, justo, aunque los resultados sean, en el mejor de los casos, escasos.

En una sociedad o círculo social donde se valoran más los beneficios transformadores del conocimiento, el que menos sabe se verá obligado a generar aunque sea algún brillo frente a evaluadores y jefes profundamente intolerantes. Es lógico: el estatus ahora no depende de la magnanimidad sino de la importancia del nuevo conocimiento. El nuevo conocimiento debe parecer lúcido, justificar el esfuerzo de la sociedad por sobrevivir y expandirse, aunque sea limitado.

De esto se desprenden, entonces, tres tensiones: el que mucho sabe vs. el que poco sabe, el conocimiento pertinente vs. el estatus y la motivación democrática (por encima del conocimiento) vs. la motivación por el conocimiento transformador (por encima de la democracia). Claro que hay muchos más factores (por ejemplo: a su sociedad no le importa el nuevo conocimiento, el estatus está signado por un grado religioso, el que mucho sabe no tiene los códigos culturales para expresarse con justeza, etc.), pero estas tres tensiones son común denominadores de todo escenario con condiciones mínimas para introducir nuevo conocimiento. La primera es una tensión del que está conociendo, la segunda de los que evalúan y dirigen, y la tercera es de la sociedad o la institución social.

Este es el gráfico. Ubíquese Ud. mismo allí con un punto. Con eso, tendrá un próspero diagnóstico de su situación:

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De tal diagnóstico dependerá la estrategia, como se ilustrará en una próxima entrada de Creartesis.